martes, 9 de agosto de 2011

Lo sentimos pero hoy Oxitocina resulta estar hasta el reverendísimo coño de varias cosas que ocurren en su vida sin que ella pueda arrancarlas de raíz y hacerse un puchero con ellas (para aprovechar, ya ustedes saben) Pues bien, nada molestaría más a Oxitocina que interrumpir el curso natural de este blog con su falta total de ánimo. De hecho, sólo le surgen energías ante la idea de empotrar a cierta Blancanieves [consultar Génesis III]  contra una pared y desgarrarla a arañazos (pero siempre con amor eh? como ella hace las cosas) pero resulta que eso no va a ocurrir. Para todo lo demás, Mastercard. O mejor dicho, sofá, casita y Friends en la tele. 

Lo dicho, esperen hasta que el amigo Dopamina encuentre algo lindo que contarles, que su repertorio de fábulas, datos biográficos y escenas censuradas es laaaargo; y perdonen a este andrajo depresivo por un par de turnos.

Ciao y cuídense, señoras y maricas míos.

lunes, 8 de agosto de 2011

Nada más lejos de la realidad

Nunca lo había visto así, pero no hace mucho me dijeron que una nueva relación puede compararse con aprender una nueva lengua. Y quien me lo dijo, tiene razón.

Cuando empezamos a aprender una lengua, comenzamos por la toma de contacto, al igual que en una relación se conocen las dos partes: “¡Hola!”, “Hello!”, “Bonjour!”, “Hallo!”, “Hej!”, “Ciao!”. Es lo más sencillo. Colores, números, partes del cuerpo... Son formas para que el alumno se adapte a la lengua, que le enamore. Así ocurre en una relación: ambos tienen que empezar a conocerse de la manera más sencilla posible, como un inocente niño llega a su madre diciéndole “one, two, three!” para enseñarle que es capaz de usar otro código de comunicación.

Luego todo empieza a complicarse. Tiempos verbales, adjetivos, pronombres… Ese niño, que ya no es tal, tiene que dedicarle más tiempo para poder memorizar más detalles: pasado, presente, futuro en todas sus variedades. ¿No es esto lo que hacemos cuando estamos inmersos en una relación? Queremos conocer a ciencia cierta el pasado simple, el pasado continuo e incluso el pasado perfecto de la persona con la que queremos compartir todo el tiempo que nuestro presente nos otorga y con quien planeamos nuestro futuro, de cualquier forma.  

En los años siguientes, el vocabulario puede cambiar. Antes con un simple nombre propio asignábamos a una persona. Ahora usamos un común, o varios: “darling,” “love,” y cosas así. Evolucionamos dependiendo del tiempo, de la persona, del vocabulario. Nadie sabe si dirá “love” o preferirá “goodbye.” It’s up to you.

Morfología y gramática son disciplinas que se incluyen dentro del estudio de la lengua y todos pueden ser relacionados con el tema en cuestión.


La morfología estudia el estudio de formación de las palabras. Simplificándolo de forma concisa: estudia la forma, el exterior. Es lo primero que vemos, es lo que determina por qué cardiopatía está formada por dos constituyentes. ¿Y no es eso precisamente lo que primero atrae al ser humano? El color de ojos, de piel, la forma de los labios y el cuerpo. Es la morfología humana.

La gramática es el conjunto de reglas y principios que gobiernan el uso de un lenguaje. Entonces, podría ser tranquilamente el camino que escogemos para comenzar el proceso del cortejo: las reglas que hay que seguir en cada situación para garantizar un buen final, o al menos, que los hechos se desencadenen de la manera que deseamos.

De esta manera, me percaté de que el estudio de la lengua está más relacionado con el comportamiento humano de lo que pensamos.

jueves, 4 de agosto de 2011

El cazador cazado.

Nos acabábamos de conocer ese mismo día, aunque yo llevaba mucho tiempo fijándome en él. Una amiga nos invitó a cenar a su casa, unas pizzas, callejeros por televisión, unas buenas risotadas y un concierto de cierto cantante del que no había escuchado casi ninguna canción de forma voluntaria en mi vida, pero al que iba por él.
Hablamos mucho, muchísimo. Nos mandaron a por las cosas para hacer la comida porque éramos los chicos y me contaba bastantes cosas, entre ellas que estaba así así con otro chico pero que el tema no le convencía mucho, que no era lo que realmente buscaba.
Las pizzas, como no, también las hacían los chicos y no sé cómo, pero pasó. Nos besamos. Aquella operación se repitió muchas veces durante esa noche a escondidas ya que, ¡Sorpresa! El otro chico también había venido. Creía que no le veía pero el muy cabronazo nos estaba metiendo mano a los dos con todo el disimulo del mundo, ¡HIJOPUTA!
Obviamente no podía quedar por debajo y ya que iba a ser la otra, lo sería a lo grande. Fingí haberme olvidado las llaves así que nos quedamos los dos en casa de mi amiga, en los sofás del salón. Empezamos a enrollarnos y la cosa subía bastante de tono hasta que subió la temperatura y bajó el número de prendas.
Afortunadamente este ni la tenía pequeña ni apestaba, pero cuando acabó el tema no me gustó como se puso la cosa… para nada. Los dos abrazacitos en el sofá desnudos… ¡Por dios! ¡Ni que fuéramos maricones!
Y… se le escapó
Anónimo-Me gustas mucho.
Justo en ese momento recibió un mensaje de móvil que yo leí de refilón, ¿En serio creía que doblando la pantalla no lo vería?
“Me ha gustado mucho lo de esta noche, espero que tu ligue no nos haya pillado y llámame si sigue en pié lo de quedar mañana”
¿La misma jugarreta a dos personas una misma noche? LOSER
Anónimo-Bueno, ¿qué me dices?
Yo-Que no sé, no puedo creerte.
Anónimo-Todos necesitamos creer en algo, créeme a mí.
Yo-Paso, lo que creo es que tomaré otra copa. ¿Sobró vodka, no?
No voy a mentir, me lo tiré dos veces más esa noche… ya que estábamos… pero eso sí, no contesté a sus llamadas, nadie destrona a la Reina, NADIE.

martes, 2 de agosto de 2011

Examenes calenturientos...

Todo comenzó una calurosa mañana de Junio,  cuando fui a recoger a un amigo a su super colegio de enseñanza bilingüe. Somos amigos desde hace ya bastante tiempo. Yo  fui a verle con intenciones muy  distintas a lo que finalmente ocurrió.

Eran las 11 y 17 de la mañana cuando él salió de un examen trimestral de su  bachillerato de ciencias. Al verme,  empezó a andar  cada vez más deprisa y cuando me di cuenta ya lo tenía sobre mí; el abrazo duró tanto que creo que dio tiempo a que lo viese todo el instituto. Tras el abrazo empezamos a caminar hasta alejarnos lo suficiente como para que pudiésemos hablar de todo lo que teníamos pendiente.

Estábamos cerca del centro comercial más concurrido de la ciudad. Etramos, anduvimos toda la sección de trajes de chaqueta mirando algunas que otra cosa como camisas y  corbatas, y después estuvimos añorando nuestra infancia en la zona de juguetes. Sin darnos cuenta ya eran las  tres y media y fuimos a tomar un refresco, que siendo el mismo de siempre esta vez me pareció que estaba más dulce que nunca. Cuando terminamos me guió sin darme cuenta al parking y del parking a unos servicios donde empezó a besarme y  a quitarme la correa. Cuando consiguió desabrocharme el pantalón me introdujo la mano por el boxer y  empezó a uihhhh... Diossss a masturbarme.  Cuando salí del shock empecé a imitarlo... Estábamos cachondísimos.
Tras un rato de felaciones mutuas y  penetraciones complicadas por la colocación del mobiliario del aseo terminamos de una forma buaggg... fantástica.

Fue un gran día...



lunes, 1 de agosto de 2011

Seis kilos de sal en vena, gracias.

Hablemos claro:
¿Por qué mierda hay gente en este mundo tan absolutamente sosa?
Es decir, entiendo que ir de leprechaun de los bosques por ahí, saltando y bailando todo el día al son de una melodiosa flauta irlandesa es cansado, y todos necesitamos biológicamente ponernos serios de vez en cuando. Pero hay casos límite que una no entiende cómo pueden no haberse muerto en su propia inocuidad de alma. Les hablo, por supuesto, del caso de la que llamaremos de aquí en adelante Sosipava. La Sosipava es compañera  de una servidora de encantadores ojos morenos, pelo oscuro largo y casi tan lacio como ella y la malvada habilidad de que cada vez que se sienta, el filo de encaje malo de unas bragas seguramente horribles se le entrevé por debajo del filo de la camiseta. Si bien hay en mi vida un par hembras de las que se podría sacar buen jugo, la cara de bollera armarizada de mi Sosipava me pudo más que el resto de sus congéneres. Y hasta aquí, señoras y maricas, admito mi error. Pero por todos los dioses del cielo, quién me iba a mí a decir que esa imagen de sangre horchatada no era sólo una máscara de protección (o una morbosa forma de ocultar los verdaderos deseos reprimidos) de un ente sexual y desgarrador con miedo a salir;  sino que era todo lo que aquí la amiga podía ofrecer.

¿En serio? Como lo oís. Siete meses de intentar destripar las parcas contestaciones que Sosipava dedicaba a cualquiera en una conversación normal, una ingente cantidad de señales lésbicas disparatadas que ni servidora ni una amiga de confianza podían descifrar, una declaración en toda regla y me viene con esto. Con esa falta total de sal en el cuerpo. Y la verdad es que la culpa sólo la tengo yo, porque aquí el amigo Dopamina la caló en cuanto la vió, y ya me dijo ya, como toda buena marica, que de ahí no se podía sacar náh bueno. Así que además de mediotorpe, lenta de ideas, cerrada como puerrrrta de banco y mala estudiando, la tía va y resulta ser....¡¡hetero!!! ¿Vieron algo más aburrido en los días de sus vidas?

Pero las mariliendres nunca escuchamos, y deberíamos. Y mi radar necesita una revisión urgentemente. De igual manera, ya os iré contando qué pasa con este especímen, que lo mismo mañana me la encuentro y ha visto al espíritu santo y ante la amenaza de violarla, ésta haya cogido y haya empezado a ser interesante. Pero por ahora, sólo me queda una cosa que decir: heteros pavas del mundo, atended a la sabiduría de esta lesbiana. Si no os abrís de piernas, por favor se os pide, ¡abriros un poquito de mente!


sábado, 30 de julio de 2011

Una ducha de agua fría

El cuerpo de una guitarra tiene la misma forma que el cuerpo de una mujer. Y por eso tienes que aprender a acariciarla con suavidad, a amarla con el tacto, a demostrarle todo tu amor acariciando sus cuerdas y dejando que sus acordes entren en ti. Unas manos que saben amar a una guitarra, son capaces de todo.



En eso se debatía Ceres cuando entró al baño. Si una mujer se dejara tocar por ella tal como lo hacía su preciosa Adonis, todo sería distinto. Se miró al espejo y se sonrió. No, creo que por ahora nadie está por la labor de romper esa íntima relación entre mi guitarra y yo, que más que física es espiritual. Mientras entraba a la ducha pensaba en esas personas a las que había amado entre bambalinas. Descubrió la paz interior que existía en ella, ahora estaba tranquila. Ninguna presencia abrumaba la mente de Ceres, ahora se encuentra en un perfecto equilibrio que no quiere que se rompa. Bajo la cascada de agua fría se decía que en alguna noche embriagadora se dejaría llevar por las hormonas y la atracción física, como si de un juego se tratase. Pasar un buen rato. Pero… ¿enamorarse otra vez? Mejor dejar ese tema, ya que a su parecer, el amor es cosa de gente con suerte. Si no eres afortunado, no te enamores. Y ella no tiene suerte. 

viernes, 29 de julio de 2011

Pezqueñines pasados

Imaginaos por un momento al tío perfecto… alto, guapo, musculoso, inteligente, buen sentido del humor… normalmente soy de largar a los tíos como mucho a la semana pero éste me tenía retenido. Su grado de perfección llegaba hasta a eso de “esperar a que estuviera seguro” de querer mantener relaciones sexuales conmigo. Al principio me pregunté si sería por mí, pero a la octava noche que nos enrollamos en su casa me soltó la bomba. ERA VIRGEN. Casi sentí que se me paraba el corazón, dios no podía ser tan perfecto, encima no tenía con quién compararme, era simplemente sublime.

Después del decimoquinto encuentro en el piso del susodicho, llegó el momento. Todo era perfecto, todo. Su forma de besar había cambiado de tono, siempre había sido excitante pero ahora era intensa y sensual. Me arrancó la ropa y me tiró sobre la cama y en menos de lo que tardé en abrir los ojos ya estaba en calzoncillos a mi lado. Proseguimos, me di cuenta de que le iban, por así decirlo, las emociones fuertes. Ya me había percatado un poco por eso de morder los labios o el cuello de forma sutil así que empecé a morderle yo a él mientras no paraba de repetir “eso me pone muchísimo” y daba instrucciones como “muérdeme los pezones”.

Todo iba perfecto hasta que me percaté de que ¡no estaba empalmado!... o eso me parecía… le arranqué los calzoncillos y ZAS… se cayó un mito. Metro noventa, noventa quilos y trece centímetros. Sentí que me faltaba el aire, era como un ataque de pánico y cuando inspiré fuertemente el olor que me llegó casi me deja inconsciente de nuevo. ¡Será guarro!

Ni que decir tiene que ni me la metí en la boca, sólo el tamaño vale, pero la higiene personal, no. Aquello acabó antes de empezar, y de haber empezado ¿lo habría notado?