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martes, 9 de agosto de 2011

Lo sentimos pero hoy Oxitocina resulta estar hasta el reverendísimo coño de varias cosas que ocurren en su vida sin que ella pueda arrancarlas de raíz y hacerse un puchero con ellas (para aprovechar, ya ustedes saben) Pues bien, nada molestaría más a Oxitocina que interrumpir el curso natural de este blog con su falta total de ánimo. De hecho, sólo le surgen energías ante la idea de empotrar a cierta Blancanieves [consultar Génesis III]  contra una pared y desgarrarla a arañazos (pero siempre con amor eh? como ella hace las cosas) pero resulta que eso no va a ocurrir. Para todo lo demás, Mastercard. O mejor dicho, sofá, casita y Friends en la tele. 

Lo dicho, esperen hasta que el amigo Dopamina encuentre algo lindo que contarles, que su repertorio de fábulas, datos biográficos y escenas censuradas es laaaargo; y perdonen a este andrajo depresivo por un par de turnos.

Ciao y cuídense, señoras y maricas míos.

lunes, 1 de agosto de 2011

Seis kilos de sal en vena, gracias.

Hablemos claro:
¿Por qué mierda hay gente en este mundo tan absolutamente sosa?
Es decir, entiendo que ir de leprechaun de los bosques por ahí, saltando y bailando todo el día al son de una melodiosa flauta irlandesa es cansado, y todos necesitamos biológicamente ponernos serios de vez en cuando. Pero hay casos límite que una no entiende cómo pueden no haberse muerto en su propia inocuidad de alma. Les hablo, por supuesto, del caso de la que llamaremos de aquí en adelante Sosipava. La Sosipava es compañera  de una servidora de encantadores ojos morenos, pelo oscuro largo y casi tan lacio como ella y la malvada habilidad de que cada vez que se sienta, el filo de encaje malo de unas bragas seguramente horribles se le entrevé por debajo del filo de la camiseta. Si bien hay en mi vida un par hembras de las que se podría sacar buen jugo, la cara de bollera armarizada de mi Sosipava me pudo más que el resto de sus congéneres. Y hasta aquí, señoras y maricas, admito mi error. Pero por todos los dioses del cielo, quién me iba a mí a decir que esa imagen de sangre horchatada no era sólo una máscara de protección (o una morbosa forma de ocultar los verdaderos deseos reprimidos) de un ente sexual y desgarrador con miedo a salir;  sino que era todo lo que aquí la amiga podía ofrecer.

¿En serio? Como lo oís. Siete meses de intentar destripar las parcas contestaciones que Sosipava dedicaba a cualquiera en una conversación normal, una ingente cantidad de señales lésbicas disparatadas que ni servidora ni una amiga de confianza podían descifrar, una declaración en toda regla y me viene con esto. Con esa falta total de sal en el cuerpo. Y la verdad es que la culpa sólo la tengo yo, porque aquí el amigo Dopamina la caló en cuanto la vió, y ya me dijo ya, como toda buena marica, que de ahí no se podía sacar náh bueno. Así que además de mediotorpe, lenta de ideas, cerrada como puerrrrta de banco y mala estudiando, la tía va y resulta ser....¡¡hetero!!! ¿Vieron algo más aburrido en los días de sus vidas?

Pero las mariliendres nunca escuchamos, y deberíamos. Y mi radar necesita una revisión urgentemente. De igual manera, ya os iré contando qué pasa con este especímen, que lo mismo mañana me la encuentro y ha visto al espíritu santo y ante la amenaza de violarla, ésta haya cogido y haya empezado a ser interesante. Pero por ahora, sólo me queda una cosa que decir: heteros pavas del mundo, atended a la sabiduría de esta lesbiana. Si no os abrís de piernas, por favor se os pide, ¡abriros un poquito de mente!


martes, 26 de julio de 2011

Génesis III

Si bien Estrógeno es la más recatada, Oxitocina es la más joven de este grupo de hormonados compañeros. Sin habérselo planteado, demasiadas personas de su alrededor asocian con ella una imágen casta y pura que no tiene ningún tipo de chicha. Por el contrario, le encanta buscar los momentos indicados en una conversación para hacer saltar el punto picante que todos queremos en nuestras vidas. Mortificada de por vida por su amor itinerante hacia una rubia más heterosexual que Blancanieves, tiende a quedarse colgada de cualquier chica bonita e insanamente pálida. Melómana, adora las expresiones populares, la idea de hacer guarradas con comida y una buena espalda. Reconoce que  ha empezado a ver alguna serie de televisión porque metían una trama bollo, cree firmemente que lo de Xena y Gabrielle era demasiado profundo como para que ningún hetero lo entienda y que todos deberíamos aceptar a nuestra marica loca interior. Más identificable con Chandler Bing que con cualquier chica de Sex and the City (pero su favorita es Samanta, porque dice que es la única que se tiraría), espera con ansias el día  de poder llegarle a la altura del tobillo a la gran Callie Torres.