viernes, 29 de julio de 2011

Pezqueñines pasados

Imaginaos por un momento al tío perfecto… alto, guapo, musculoso, inteligente, buen sentido del humor… normalmente soy de largar a los tíos como mucho a la semana pero éste me tenía retenido. Su grado de perfección llegaba hasta a eso de “esperar a que estuviera seguro” de querer mantener relaciones sexuales conmigo. Al principio me pregunté si sería por mí, pero a la octava noche que nos enrollamos en su casa me soltó la bomba. ERA VIRGEN. Casi sentí que se me paraba el corazón, dios no podía ser tan perfecto, encima no tenía con quién compararme, era simplemente sublime.

Después del decimoquinto encuentro en el piso del susodicho, llegó el momento. Todo era perfecto, todo. Su forma de besar había cambiado de tono, siempre había sido excitante pero ahora era intensa y sensual. Me arrancó la ropa y me tiró sobre la cama y en menos de lo que tardé en abrir los ojos ya estaba en calzoncillos a mi lado. Proseguimos, me di cuenta de que le iban, por así decirlo, las emociones fuertes. Ya me había percatado un poco por eso de morder los labios o el cuello de forma sutil así que empecé a morderle yo a él mientras no paraba de repetir “eso me pone muchísimo” y daba instrucciones como “muérdeme los pezones”.

Todo iba perfecto hasta que me percaté de que ¡no estaba empalmado!... o eso me parecía… le arranqué los calzoncillos y ZAS… se cayó un mito. Metro noventa, noventa quilos y trece centímetros. Sentí que me faltaba el aire, era como un ataque de pánico y cuando inspiré fuertemente el olor que me llegó casi me deja inconsciente de nuevo. ¡Será guarro!

Ni que decir tiene que ni me la metí en la boca, sólo el tamaño vale, pero la higiene personal, no. Aquello acabó antes de empezar, y de haber empezado ¿lo habría notado?


1 comentario:

  1. Qué desagradable, amigo Testosterona. Como que no es oro todo lo que reluce. Menos mal que no te la metiste en la boca xDD

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